Indiscutiblemente
la foto icónica es esta, aparte de la estética, colores y sabores detrás de
ella está el esfuerzo y cariño que requiere un plato de comida por simple que
este sea. Cosa que, por cierto, cada vez está más ausente en bares y
restaurantes en las etapas vacacionales o con la llegada masiva de turistas.
J.
Antonio preguntaba cuantos seríamos y Pedro dijo que los de siempre: diez. Luis
no vendría pero Armando tiene un invitado que ocupará su lugar. Con ello
dispuso una mesa formal como ‘dios manda’ que diría mi abuela.
La cocina en marcha…
Armando,
ya ha encontrado otro ayudante, además de Pedro que le cedió el puesto de
lugarteniente de cocina ganado ante los catedráticos: Alfonso y J. Antonio; y
de alguna manera también al nuevo ayudante. Un ayudante en extremo activo y
exigente de limpieza y eficiencia, que es Miguel, un Miguel rejuvenecido, un Miguel
amandilado desde el primer momento. Digo esto porque no ha parado de cortar el
atún en trozos muy iguales de tamaño y además me cuenta que le ha quitado las
telillas que quedan entre lo magro, del
mismo modo llama la atención sobre la limpieza de la mesa, cuchillos y
otros utensilios en cada cambio de operación y dice: “Ya lo sé soy un coñazo,
pero cuando me pongo me pongo. Y en la cocina de un buen Chef la limpieza es
obligada y nunca se es lo suficientemente pulcro. Fijarse lo que está
ocurriendo con “La Mechá”, el atún, etc. y las contaminaciones cruzadas”.

