Entré
por la calle Arfe, porque asuntos personales me entretuvieron por el centro.
Seguí por las callejuelas siguientes ricas en sombras y me encontré, en un
rincón adecuado y protegido de vistas, a la primavera en forma de pareja
amartelada, no me sorprendió por ser muy propio de esta estación, lo curioso
fue que si ella era madurita él ya estaba en la ancianidad, pero cojonudo para
ambos. Como dijimos en la anterior tertulia sobre la primavera: “un renacimiento
anual”.
Cuando
llegué, acababa de hacerlo Alberto por mi mismo camino y me preguntó ¿Has visto
la parejita? -Sí, buen tiempo este Alberto en el que no hay límites de edad
para amoríos.
A
efectos de icono para la tertulia he de decir que no tiene rival, si bien es
cierto que adelantarlo es como descubrir el misterio de una novela negra en la
primera página o como hizo Gabriel García Márquez en su libro “Crónica de una
muerte anunciada”, pero estaréis de acuerdo en la elección con toda seguridad.
Casi
todos acudimos a la cita mensual, sólo faltó Emiliano que tenía compromiso
ineludible. En cuanto a la cocina estaba en marcha y a buen ritmo, y he de
confesar que el impacto al contemplar el material para hoy fue total, pese a
conocer de qué iba la cosa. Armando se pidió la organización del menú e
introducir uno absolutamente granaíno con tintes serranos y alpujarreños, de
tal manera que con ayuda de Pedro cubrieron las tareas dando el día libre de
cocina a J. Antonio, aunque a la hora de aliñar tiraron de él e imagino que para
algunas cosas más.