A las 11 (23h) de la noche, el maestro Pedro advierte, con tono de mayoral,
"Gabriel, es menester que mañana estés listo temprano, que te iré a
recoger para pasarnos por el mercao de Triana". Lo que mande, maestro, le
contesté.
A las diez y media ya estaba en portal de mi bloque. Gabriel, cojones, que
estoy aquí y no estás todavía. Estoy preparao, Don Pedro, estoy abajo al
instante.
Así comenzó la mañana, el paseo hasta la calle Pavia. Pedro, en el paseo
deja su oficio de mayoral y se convierte en peregrino de Santiago, acompañante
ameno e instruido y analista profundo de lo que ve. Una delicia de paseo con
parada en el mercado de Triana. Todo se convierte en una inmensa y compleja exposición
de naturalezas quietas y muy vivas.
A la llegada a Pavía nos encontramos la puerta abierta y la actividad
rindiéndose a José Antonio, que nos recibe con un saludo sonriente, ejerciendo
sin protagonismo.
Pedro replantea la jornada levemente programada e iniciada en Triana, previo
los tres cigarrillos sueltos e ilegales, lego las dos ofertas de pan escoltado
por Antonio.







